Cuando te alineas con el Universo, éste conspira a tu favor…

Mi papá solía decirme que el Universo no entiende el “NO.” Y que era por esto que todo lo que él resistía (los perros, los mosquitos…) siempre lo encontraban. Bastaba con que él llegara a la puerta principal de cualquier casa ajena, para que todo canino presente le atacara los pies. Asimismo, no importaba en dónde se encontrara, si había mosquitos –en temporada o no—lo iban a buscar. “Si pensás ‘NO quiero que se me acerque el chucho,’ ¡el Universo sólo oye ‘quiero que se me acerque el chucho’!” Ahhh, palabras sabias…

Ahora entiendo más específicamente la razón detrás de su deducción: somos seres emocionales. Estamos compuestos de energía que vibra constantemente. No somos pensamientos ni razón. Somos lo que sentimos. Todo lo que hacemos deriva en una emoción.

Las palabras que empleamos crean nuestro discurso; con estas palabras creamos imágenes, las imágenes generan emociones y las emociones son físicas/kinestésicas (son energía viva que se activa en nuestros cuerpos), por lo que generan ACCIÓN.

Entonces, si las emociones son nuestro lenguaje primordial y cualquier otra manera de expresarnos al final deriva siempre en la emoción correspondiente, ¡ÉSTAS son el idioma universal!

Cualquiera que sea la emoción que sientas o sostengas, es la que el Universo entenderá le estás pidiendo, por lo que ¡generoso al fin!, te dará más de ésta misma.

Al escuchar esta explicación sobre la reacción científica que sucede dentro de nuestra trilogía mente-cuerpo-alma, me fue más fácil “aterrizar” lo que me sabía a cántico evangélico, cuando me decían que sólo bastaba pedirle al Universo todo lo que yo quería, y éste proveería.

Siempre creí alláaaaaa en el fondooooo, que sí, que todos podíamos manifestar todo lo que quisiéramos, pero no había logrado darle a mi lóbulo cerebral izquierdo suficiente detalle para permitirme sacar a dicho lóbulo del medio. ¡Gracias Universo!

 

Comments(0)

Leave a Comment