La Falacia de las Apariencias

Sólo quienes me conocen muy bien, o tienen tan alta sensibilidad que les ha permitido leerme aun conociéndome poco, saben que mi asertividad y facilidad de tratar gente nueva, es compartimentalizada. Hace poco, una coach fantástica logró ponerle palabras a algo que siempre había sabido sobre mí: la autoestima es fragmentada. No se tiene buena o mala autoestima en su totalidad. Podemos sentirnos invencibles en ciertas situaciones, y muy vulnerables en otras. Yo he sabido moderar sobre un escenario frente a cientos de personas con absoluta naturalidad, para el día siguiente estar muda sentada frente a mi jefe.

¿A qué se debe esta dicotomía? A la manera en la que se formaron las sinapsis en nuestro cerebro; un proceso que sucede mientras nos estábamos desarrollando. En otras palabras, se debe a la facilidad con la que nuestro cerebro envía sus señales eléctricas cuando le pedimos pensar y actuar. En mi caso, me ayudó mucho descubrir que, en mi cerebro en particular, esas conexiones fluyen cuando estoy en un estado de plena confianza. Sin embargo, cuando me agobia la duda o la incertidumbre, no lo hacen con tanta facilidad.

Lo alentador de tener ahora este entendimiento fisiológico, es el también saber que el cerebro es “plástico,” es decir, cambia constantemente y podemos fortalecer las sinapsis y crear nuevas fácilmente. Si te has preguntado una y mil veces cómo, al ser tan eficaz y exitosa, o talentosa y dedicada, no has logrado algunos de tus objetivos, es el momento de ponerle atención a los momentos de presunta debilidad, para fortalecerlos y lograr el cambio.

Nuestros pensamientos eligen nuestras palabras, y nuestro discurso evoca nuestras emociones, y éstas rigen nuestras acciones. Aunque requerirá cierta dedicación reprogramar tu cerebro, es totalmente posible y alcanzable en poco tiempo. 

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