Mi Primera Experiencia TEDx

“Por Qué Estamos Buscando Nuestro Propósito en el Lugar Equivocado”

It happened! Por mucho tiempo había visualizado entre mis metas dar una charla para TEDx, la comunidad internacional que posiciona ideas de relevancia local, sobre el reconocido escenario global de TED.  El año pasado, ese sueño empezó a materializarse cuando los organizadores de TEDx Punta Cana me pidieron ser la anfitriona de sus eventos anuales. Fue maravilloso: conocí a personas extraordinarias con conmovedoras historias y experiencias únicas de vida… como la de Lucas Casanova, quien en medio de llevar una vida sana y consciente, se despertó un día a recibir la noticia de que tenía un tumor cerebral, gracias al cual aprendió a apreciar “El Poder Sanador del Caos”. O la del risueño Nicolás Mango Marri, veterano de los escenarios TEDx, quien trajo sabiduría aplicable en donde sea luego de vivir en Emiratos Árabes y ahora viajar por el mundo con su esposa.

Cuando me pidieron regresar como anfitriona este año en el que habría tres eventos más, acepté honrada, haciéndoles la salvedad de que –en algún momento, como diciendo en un futuro lejano– tendría que retirarme para ser considerada entre los speakers, mi objetivo principal.

De entrada les pido disculpas por el blow-by-blow de lo que les voy a contar, pero es que este episodio en mi vida me sacudió al grado de que cada detalle tuvo un significado importante en lo que aprendí. Espero se diviertan conmigo reviviendo mis pasos.

La vida te da lo que necesitas

Ese futuro lejano se redujo a poco más de tres semanas porque mi suerte dictó que el próximo evento requería de un speaker más, y querían que fuera yo. Tengo suficiente conocimiento emocional como para saber que debía decir que sí inmediatamente, a pesar de las dudas que sentí al recibir la invitación. Por eso opté por levantarme “al baño”, para darme un momento para procesar mil sensaciones y ponerlas en su sitio. Me moría de miedo (pero del bueno) porque tenía meses buscando una claridad que todavía no había encontrado y sabía que al comprometerme con el evento, esa claridad iba a tener que manifestarse antes del 28 de abril, día del evento, sí o sí.

Pero primero… wardrobe! Bueno, not really — lo primero fue arrodillarme esa noche en una especie de rezo-meditación para rogar que se me fueran reveladas las ideas que la gente quería oír de mí. Y, sí, lo segundo fue obsesionarme por la ropa que me iba a poner (¡girly-girl presente!). Entonces hice citas con más de una diseñadora en la ciudad capital, porque donde vivo hay pocas tiendas, para crear a mi medida el outfit ideal para la ocasión. A pesar de que intenté reunirme con ellas, por razones que hoy califico como necesarias para mi evolución personal, no lo logré, y terminé hurgando en Internet a última hora en busca del look exacto con el que me había empecinado.

Las piezas de ropa, cada una en por lo menos dos tallas distintas por si acaso, llegarían donde un amigo en EEUU, porque mi esposo por suerte estaría allá por trabajo y me las podría traer a Dominicana a tiempo. Pero una tormenta invernal que amenazó parte del país en pleno abril, hizo que su trabajo se cancelara y redujera la duración del viaje que traería mi botín. “¡Te tenés que quedar!”, le dije a mi esposo, “¡mi ropa no llega hasta el viernes!” Entre los paquetes estaban los zapatos rojos perfectos y —diocuarde— regresaba sin ellos. Un aplauso para los maridos comprensivos… los que se “sacrifican” un par de días extra en Miami para complacer a la esposa fashion-conscious.

El ajuar llegó, pero incompleto, así que ahora ¡a buscar lo que falta! Al final “la” pieza apareció ¡en oferta! pero sólo queda una y a estas alturas hay que pedirla overnight aunque cueste un ojo de la cara, porque se acerca Semana Santa y el correo cierra.

Lo Importante es lo Importante

Simultáneamente, también sucedía lo verdaderamente importante… cada día y noche me sentaba a tratar de escribir. Debía materializar, bajo los estrictos lineamientos de TED, 18 minutos de una idea que valiera la pena compartir, a partir de mi experiencia de vida. El tema para el evento era “Bigger Than Us”, con lo que me identifiqué desde un principio porque mi trabajo siempre se ha basado en la convicción de que todos tenemos un propósito de vida precisamente más grande que nosotros mismos.

Ay, pero que me costaba expresarme… en el trasfondo Yanni Live at the Acropolis a todo volumen. Es la música que oía en la universidad para estudiar y todavía me pone en esa onda (neural pathways, anyone?). Poco a poco empecé a identificar historias relevantes, y a conectarlas con los sentimientos que se quedaron conmigo aún años después. Luego a darles forma y propósito, a eliminar lo que no aportaba al mensaje final y a pulir el llamado a la acción. Qué parto. Por mucho, más difícil que dar a luz a mis dos hijos. Estarán pensando, “ay, niña, ¡qué exagerada…!” Lo juro. Y es que atrevernos a desenmascarar el trauma, el cómo nos hemos protegido de él, y lo que hemos hecho para compensar sus efectos, es atrevernos a sentir la incomodidad de la vulnerabilidad y el valor de arriesgar nuestra “estabilidad”.

El Mensaje se fue Revelando Sobre la Marcha

Sobre eso, precisamente, trató mi charla. Al hacer un recorrido por mi infancia, adolescencia y luego mi vida profesional, descubrí que había desarrollado un patrón de “portarme bien” a temprana edad, que luego se convirtió en una necesidad de controlar mi entorno con el fin de lograr una inalcanzable ilusión de perfección. Identifiqué que al elegir salir de mi zona de confort, que hasta ese momento había sido una carrera en televisión con el apoyo y la infraestructura de los grandes, me paralizó una inhabilidad de presentarme tal como soy. Porque al fin, ¿quién era yo sin las luces y las cámaras?

Se acercaba el día del evento y al menos aquel martirio terminaría pronto. La ropa que faltaba finalmente llegó, sólo para darme cuenta de que –aunque la factura decía que había pedido la talla correcta– me habían enviado una talla más pequeña [incredulidad y casi-desmayo]. Ni modo. Me voy a la tienda a ver qué encuentro, compro una opción, y le pido a una gran amiga que me compre una segunda en la misma tienda pero en la capital porque por mi casa no tenían mi talla. Esto es una locura… a estas alturas, ya ni sé qué me voy a poner y la ilusión de la combinación perfecta empieza a desaparecer.

Vístanme Despacio que Voy de Prisa

Falta un día. Mi maquillista favorita me informa que la han operado, por lo que me va a maquillar alguien más. Pánico. Después de 10 años en televisión, maquillándome casi a diario y en manos de decenas de profesionales, sé que no porque un artista sea muy bueno, necesariamente va a maquillarte como a ti te gusta. Entonces considero maquillarme yo misma y al menos tengo cita con la peluquera que me hace las ondas en el pelo casi como a mí me gusta.

Llegó el día. Intento ensayar con el equipo técnico pero, luego de 2 horas de espera, no se logra. Debo irme a arreglar o no estaré lista a tiempo. Salgo para el salón y en el camino me dicen que mi peluquera está libre. ¿Qué?! Diría que ya estaba en pleno colmo, ¡pero aún no se me pinchaba una llanta! OK, OK… ¿qué es lo que el Universo me está tratando de decir?

Mientras manejaba, con la llanta casi vacía, vivo un momento tan revelador que lo tengo que grabar en mi teléfono sólo para que no se me olvide.

Basta con Tomar Acción Imperfecta

Durante las cuatro semanas de preparación para entregar mi primera charla TEDx, me mantuve en un ciclo casi interminable de euforia, ansiedad, gratitud, llanto, migrañas, confianza y duda. No siempre en el mismo orden. A pesar de que logré manifestar con palabras lo que ha sido la lección más grande de mi vida hasta este momento, también comprobé que la claridad no llega sola. Mas bien se deja ver a través de la búsqueda; o sea, de la acción.  No fue sino hasta que entré al ruedo, a hacerme frente a mí misma, que descubrí lo que tenía dentro. Lo que esperé pasivamente por varios meses, se manifestó en días, una vez estuve dispuesta a tomar acción… aún imperfecta.

Para una gran mayoría, esto no es sorpresa. Siempre hemos escuchado que el éxito se logra luego del fracaso, que hay que tratar y no darse por vencido hasta lograrlo. Pero aunque esos consejos tienen absoluto sentido, mi necesidad inconsciente de sólo hacer las cosas “bien”, no me estaba permitiendo accionar bajo la incertidumbre. Tuve que obligarme a través de un compromiso con los demás (porque mi noción de la responsabilidad no me iba a dejar quedar mal) a presentarme sobre un escenario real y metafórico, a pesar de la posibilidad de que no conseguiría todas las mejores palabras, ni la ropa precisa, colgada solamente de la convicción de que lo haría tan bien como cualquier otra persona con algo genuino que decir.

Si a ti, como a mí, se te dificulta mostrarte auténticamente por miedo al rechazo o la desaprobación, quiero decirte que no estás solo y que el motivo puede estar “programado” profundamente dentro de ti. Si en algún momento decisivo de tu vida, tu cerebro recibió el mensaje de que tenías que ajustarte a ciertas normas o expectativas para pertenecer o ser aceptada, el patrón de controlar ese entorno es absolutamente natural. Pero no tiene que ser permanente. Nuestro cerebro es como una computadora: puede re-programarse en cualquier momento. ¿Será que llegó tu momento también?

Escucha mi charla, “Por Qué Estamos Buscando Nuestro Propósito en el Lugar Equivocado,” aquí, cuéntame qué te pareció y, por favor, compártela con alguien a quien creas pueda ayudar.

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